JAQUE MATE PASTOR

JAQUE MATE PASTOR

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?
Jorge Luis Borges, Ajedrez

Nunca pensé escribir este relato, como tampoco pensé vivir esta experiencia contigo hijo mío. Durante nuestro tránsito por este plano nos encontramos con maestros universales de diferentes disciplinas, algunos con muchos galardones, premios y méritos y otros más cercanos, tan, tan cerca del corazón. Ese precisamente fuiste vos. Debo reconocer que sabiamente elegiste el momento adecuado para desembarcar en nuestras vidas ya que todos los que compartimos tu tiempo, nos llevamos aprendizajes invaluables. Pero yo me voy a centrar únicamente en mí y en ti para esta historia. Cuando digo que elegiste el mejor momento fue porque me hallaste en madurez y experiencia para transitar contigo un camino pleno de acertijos, encrucijadas y algunos dolores. Yo viviendo ya mi cuarta década y vos iniciando tu existencia con todos los pronósticos en contra y contra todos los desafíos.
Para encauzar este relato debo retrotraer mis pasos hacia la primavera de 1992. La escuelita suburbana en la que trabajaba estaba de fiesta como casi todas ese día. El cielo estaba despejado y los lapachos en flor se elevaban hacia un diáfano cielo azul. Las coronas de flores y bandas de las niñas estaban prestas para el desfile escolar. La brillante y nueva moto azul avanzó hacia el portón y una punzada caliente me estalla en el abdomen hasta dejarme sin aire deteniendo mis pasos hacia la calle. La duda surge. Voy o no voy. No. Mejor espero y me recompongo. Al cabo de unos breves minutos decido ir con un poco de mareo y debilidad. Llego a mi escuelita vestida de música y color. Los preparativos están en marcha, pero cada vez que quiero participar en alguna actividad me acometen terribles mareos que me hacen buscar apoyo. Cada movimiento corporal pesa, cada paso es un logro hasta que las fuerzas escapan de mi cuerpo inexplicablemente. La ilusión de mis niños me retiene hasta que finalmente el director y mis colegas me conminan a retirarme a casa.
Ya en mi hogar los hechos se suceden vertiginosamente. La llegada del médico a casa, el diagnóstico de gravedad, la necesidad de cirugía, el viaje urgente a Resistencia Internación, transfusiones. Recuerdo de ese momento sentir la muerte a tan poca distancia que su gélido aliento hacía estremecer mis huesos y mis carnes. Mi cuerpo está golpeado pero resiste. Tal vez todavía quede una misión que cumplir, un derrotero que completar.
Pasada la crisis llega el diagnóstico junto a los resultados. “Todo está bien pero… hubo que extirpar…pero por la edad de la paciente bla bla… tal vez ya no es importante…y con estos antecedentes…”
La vuelta a la vida normal y rutinaria va desdibujando lentamente el difícil momento. El tiempo pasa y cambia los números en el reloj digital de mi mesa de luz. Y un dia, un dia cualquiera observo cambios conocidos en mi cuerpo. Surge una sospecha, pero no, es imposible. si el doctor dijo que…Y ahí voy con mis sospechas al frente. Y las sospechas dejan de serlo y se convierten en certezas. La vida se pone de cabeza y me exige mezclar las cartas y dar de nuevo. El embarazo es una realidad. La vida se abrió camino contra todo vaticinio de edad madura y otras contradicciones biológicas.
Los antiguos miedos de pérdidas y dolores pasados emergen con firmeza. Las consultas profesionales son todas desfavorables. Todas menos una, la de mi amado doctor José Carlos que me dijo “yo estoy por la vida siempre porque los caminos de Dios están bien señalizados”. Lo conozco y por eso le creo, lo siento y confío de tal manera que me opongo a malograr tu destino. Tanto me opongo que cuando engañada me llevan en un taxi a ver a un médico famoso para aconsejarme y ayudarme a decidir lo mejor, casi me arrojo del coche en movimiento, tanto que este tuvo que detenerse y salí corriendo, confirmando a todos que mi decisión era irrevocable. Después de eso solo quedaba esperar.
Y así fue tu llegada, opinada por muchos, que si si o si no. Con lo que no contaron fue que tú y yo éramos uno y ya habíamos decidido. Yo, tal vez influenciada por tu enorme determinación de dejar tu leve huella en el mundo.
Y llegaste. Un capullito suave y frágil como los que se soplan y los desparrama el viento pero con una fortaleza interior que contagió a todos. Los diagnósticos previos se cumplieron. Todos, pero estábamos juntos en esta cruzada.
La debilidad y fragilidad de tu salud marcaron tus primeros años y forjaron tu acero interior. Entradas y salidas de hospitales y sanatorios. Horas vacías e interminables. Allí se produjo el encuentro con el primer tablero de ajedrez y fue amor a primera vista. Con tres añitos y solo nueve kilos era un deporte a tu medida. Tu papá fue el que tuvo la magnifica idea de provocar tu interés y desafiar tu inteligencia. Te dio el mejor regalo. Mejor que cualquier juguete. De esta manera se inició tu gran pasión. Mientras tu cuerpecito fue ganando tiempo a la vida.
Y vino una vida normal, todo lo normal que te permitiste. Escuela, torneos, vacaciones. El mar, que fue tu deleite y en el que te sentías leve, todo lo leve que no eras en tierra. Viviste intensa y plenamente ganando amigos y trofeos con igual facilidad.
Tus brevísimos dieciséis años darían para escribir un libro. Enano, Emanuel,Ema. Pero hoy solo haré un vuelo corto para volver a pasar por el corazón. Tus premios, trofeos, medallas y pergaminos dan cuenta de tu paso por este plano.
Transformaste mi vida con la lección más grande de nunca quejarte de tus limitaciones físicas. Sabias de tu tiempo finito pero nunca pediste un trato especial . Nunca preguntaste por qué a mí. Asumiste tu vida tal y como era, con coraje y grandeza hasta el final. Me sentí protegida yo por ti . Que ironia. Conociendo tu cercano final fuiste a tu amada escuela hasta el último día. Allí forjaste amistades que luego llenaron nuestra casa de alegría y movimiento. Los clásicos BOCA RIVER reúnian a todos tus amigos en casa. Y podría seguir. Es por eso que aún hoy tus antiguos compañeros ya con 30 años siguen recordandote con torneos que llevan tu nombre. Tu ejemplo de vida está muy vivo.
La primera apertura que aprendiste en ajedrez fue el JAQUE MATE PASTOR, un jaque rápido como el que te hizo la vida a vos, solo cuatro movimientos. Pero yo lo veo de esta forma, veo una partida en tablas con la vida. Dicen que solo morimos cuando ya nadie nos recuerda ni nos nombra y tu presencia y tu nombre todavía no se han apagado. Hay una partida que se sigue jugando, con tus antiguos compañeros, con tu familia y los que te conocieron. Estoy segura que desde donde estés sigues moviendo las piezas y te ríes con esa risa tan particular que nunca se ira de mi oídos y de mi corazón. El amor es para siempre.